eat your heart out

sábado, 25 de diciembre de 2010

Brazos Imitando Alas

En eterno movimiento. Este mundo fue creado para impedirme contemplar el éxito desde cerca. Cuando encuentro el spot correcto, la guerra ya acabo hace dos años, y vos estas muerto. Si decido correr desnudo las calles de ilegibles simbolos para llegar a tiempo, es entonces que el lugar es bombardeado por los Estados Unidos, y borrado del mapa como Alderaan.
Nadie me presta tiempo, comienzo a creer que es mi destino asesinar al creador del reloj. Cuando alguien invente la maquina del tiempo, voy a viajar solo para matar a ese tipo. Si pudiera lo haría.

Un Ejercito De Arietes

Todavía me querés? Amiga. Todavía me querés?

No puedo atravesar los muros de una fortaleza de hielo, que años de hechizos y ataques crearon. Solo no puedo autodestruirme.

Me obligaron a construir la muralla china. Estas cosas se derriban con tiempo y dedicación, un ladrillo a la vez.

O tal vez, con todo tu amor puedas destruir las puertas del castillo y abrazarme.

O tal vez, podés darte por vencida amiga, cerrar la puerta, y tomarte el tren a Zeballos.

Aunque quiera, no existe cosa que pueda hacer para detenerte. Los corazones se enfrían con el tiempo.

42

Caminaba en silencio por las calles. Se escuchaba el débil murmullo de los arboles, el olor del asfalto derritiéndose bajo mis pies, el sol en el cielo sofocándome. Barrio Marítimo era un lugar tranquilo para respirar.
A círculos perfectos estaba atado una vez mas. El verano había pasado, dando paso al otoño, al invierno, a la primavera, y, otra vez era verano. El sol como una esfera volvía para vengarse, sin saber que nada se trataba de el . Y yo seguía atrapado ahí.
Buceaba en un paisaje monótono y soso. Tenía todas las respuestas en mi bolsillo, pero carecía de preguntas. El mundo se había tornado pálido, como ese huevo gris en la noche. No me dejaste colores, ni siquiera oscuridad. Todo lo que necesitaba era quebrar el circulo, salirme del verano, perderme entre los pesados bloques de hielo de mi heladera, dudar.
Queria poder volver a pensar, preguntarme por que los robots comenzaban a soñar, y esas estupideces, sin mirar a los costados, sin temer que me leyeras la mente.

Under Powder Blue Skies

Me encontré a mi mismo en las vías. Las vías me sonrieron. El mundo seguía su curso. A tres cuadras de ahí se realizaba una ceremonia umbanda. El mundo era una tela de hechizos sosteniendo millones de elefantes. Elefantes que escupían fuego incendiando los bosques; basura llenando los espacios; y esa débil e inservible sustancia denominada vida.
En el paso a desnivel de Florencio Varela existe una escalera que lleva exactamente a ningún lugar. Me pregunté cuantos caminos iguales a esa escalera había tomado para llegar hasta la estación de Santa Sofía un miércoles feriado. Escondí mis sentimientos en mis bolsillos junto a mi celular y un encendedor, y transité las vías. Mas allá, se llevaba a cabo una ceremonia umbanda, lanzando al cosmos otro hechizo y otro elefante.
En una ambulancia un paramédico devolvía la vida a un pobre infeliz, sin usar magia ni milagros. Me pregunté si los extraterrestres planeando en el cielo también podían revivirse los unos a los otros. En toda la inmensidad del universo, entre millones de millones de millones de estrellas y seres vivos, bajo una noche despejada de cielos azules manchados de estrellas, uno solo dejaba todo por otro, regresándole esa débil e inservible sustancia denominada vida.


Vida.

Y tal vez también había un paramédico para mi.

No tuve tiempo de pensar en como había llegado al hospital, pero, para mí, era el mundo, que olía a hospital. Lamentablemente nadie me escuchó cuando lo dije, estaban pendientes de personas con futuro. Y me pregunté si había sido todo un sueño.

Nunca apareció, ni me llevo flores, ni me mando un mensaje preguntando como estaba, ni se dio cuenta, a pesar de que por un largo tiempo estuve enamorado de usted.