eat your heart out

sábado, 25 de diciembre de 2010

Under Powder Blue Skies

Me encontré a mi mismo en las vías. Las vías me sonrieron. El mundo seguía su curso. A tres cuadras de ahí se realizaba una ceremonia umbanda. El mundo era una tela de hechizos sosteniendo millones de elefantes. Elefantes que escupían fuego incendiando los bosques; basura llenando los espacios; y esa débil e inservible sustancia denominada vida.
En el paso a desnivel de Florencio Varela existe una escalera que lleva exactamente a ningún lugar. Me pregunté cuantos caminos iguales a esa escalera había tomado para llegar hasta la estación de Santa Sofía un miércoles feriado. Escondí mis sentimientos en mis bolsillos junto a mi celular y un encendedor, y transité las vías. Mas allá, se llevaba a cabo una ceremonia umbanda, lanzando al cosmos otro hechizo y otro elefante.
En una ambulancia un paramédico devolvía la vida a un pobre infeliz, sin usar magia ni milagros. Me pregunté si los extraterrestres planeando en el cielo también podían revivirse los unos a los otros. En toda la inmensidad del universo, entre millones de millones de millones de estrellas y seres vivos, bajo una noche despejada de cielos azules manchados de estrellas, uno solo dejaba todo por otro, regresándole esa débil e inservible sustancia denominada vida.


Vida.

Y tal vez también había un paramédico para mi.

No tuve tiempo de pensar en como había llegado al hospital, pero, para mí, era el mundo, que olía a hospital. Lamentablemente nadie me escuchó cuando lo dije, estaban pendientes de personas con futuro. Y me pregunté si había sido todo un sueño.

Nunca apareció, ni me llevo flores, ni me mando un mensaje preguntando como estaba, ni se dio cuenta, a pesar de que por un largo tiempo estuve enamorado de usted.

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