eat your heart out

lunes, 20 de junio de 2011

Rorschach

En las manchas vio su rostro empantanado, las lágrimas convirtiéndose en vapor instantáneo, el dolor de ese cuerpo desapareciendo que ahora era el dolor de su carne.
Lo odió por haber muerto a su lado. Lo odió por haberlo condenado.
Odió a las salpicaduras de tinta por formarse en cadáveres y representaciones sexualmente sugestivas.
Odió a sus padres, a los otros padres, odió los ojos de las personas en la calle, odió a los policías, odió a su amado, odió al fuego, y luego lo deseó.
Nadie cree en la combustión espontanea, pensó.
Nadie cree, pensó.
Más combustible, pensó.
Y, después de un momento, ya no pensó.

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