eat your heart out

domingo, 26 de febrero de 2012

El Libro De Hechizos Del Pastor Alemán (otra vez)


Conocer gente es fácil. La ciudad es pequeña, ausente en subterfugios e intrincados paisajes oblicuos; las personas son cálidas, como contenedores de almas en perpetuo movimiento; el viento que surca las avenidas de norte a sur es suave, como una caricia tenue de tus labios. Todo este balance es creado por un perro, un ovejero alemán. ¿Podés creer eso? Yo nunca pude, y desperdicié mi vida intentándolo, encerrado en bibliotecas, prisiones, personas. Ahogándome en imágenes tristes al final del frasquito de antibióticos, sin poder ser iluminado por el ladrido mágico de la fe.

La oscuridad es frio, e instintivamente intentamos abrigarnos. En un mundo de terremotos y dueños que abandonan a sus mascotas a la vera de la ruta, buscamos el abrigo en el calor que emanan los entes y la gente. Buscamos miradas, poesía, sexo; para sentir que no somos los únicos que estamos solos. Nos escudamos del abandono con abrazos, pero nunca me alcanzaron otros brazos; tenía un ego muy grande para rodear, y vos desperdiciaste tu vida intentando que tu cuerpo y el mio fueran dos cuerpos juntos, unidos por dedos, manos que se tocan, labios secos besándose.

Nos conocimos en esa secta, ¿te acordás? Vos creías en el pastor alemán, que te ladraba dulzuras en el oído, mojándote la oreja. Tenías una mirada que remitía al despegar de un cohete en Cabo Cañaveral, y una seguridad que me hacía dudar de mi incertidumbre. Yo tenía ojeras, aliento a café, y un disco de Sebastián Kramer que no dejabas de escuchar. La ciudad era un vórtice donde nada cambiaba, pero el dogma se abría paso lentamente entre comerciantes y astronautas. Era un lugar perfecto para mentirnos y pretender que éramos buenas personas. Purgábamos nuestras culpas, mientras el perro nos aullaba recetas de cocina de su libro de hechizos. Vos fingías entender, y yo quería fingir con vos.

Quería impresionarte, y vos querías abrazarme, ambos queríamos la misma mierda pero tomamos inodoros equivocados; el mio nunca tuvo cadena, y me quedé flotando en la superficie, esperando a que vinieras a flotar conmigo. Sin embargo, ya te habías sumergido, y tu alma estaba inmersa en la baba viscosa que caía del hocico del sabueso celestial.

El viernes pasado se llevaron a mi gato a terapia de conversión, dicen que el también puede ser un perro. Nunca me preguntaron, como a vos, cuando te robaron el derecho a estar sola, a estar inquieta, a no estar segura.

Al final de cuentas nunca me quisiste para vos, me querías para que fuera uno más de los salvados de los tormentos del infierno por ese perro sarnoso. Querías que tuviera alguien más en el mundo, que elevara mi espíritu y fuera feliz.

Ese amor que nunca pudiste obtener estuvo siempre al alcance de una llamada, de un silencio, de una mirada al trapo de piso. Si te fijas, todo está escrito en el libro de hechizos del pastor alemán. Lo escribí para vos esta mañana.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Galimatías.


Eramos niños, y nuestra madre solía contarnos historias antiguas, de tierras lejanas de nombres bizarros. Tantos gallardos héroes habían batallado y muerto en tantas cruzadas con la intención de salvar a tantas princesas, blondas en su cabello y puras en su riqueza. Tanto amor heterosexual reflotaba en el entorno, tanto sexo, tantas sutiles cargas ideológicas preparadas para dogmatizarnos desde pequeños. Pronto caí en la cuenta de que algo desencajaba en el rompecabezas literario que nuestra madre tomaba de la mesita de luz todas las mañanas.
Realmente jamás comprendí por qué alguien querría salvar a una mujer encerrada en un castillo custodiado por un dragón. Me resultaba, y resulta, imposible entender que alguien pudiera sentir atracción tal por una mujer. Sucedía, sin embargo el hecho de que mi madre contaba las anécdotas con una mascara de convicción poco probable, de manera que sonaban a galimatías. Ella no conocía dragones, ni príncipes ni princesas; a ella no le gustaban las mujeres.
Tildé instantáneamente a mi madre de mentirosa y escapé de casa sin mirar atrás.

A la edad de 23 años comprendí la diferencia entre un cuento y una mentira, no tardé en olvidarla.

sábado, 11 de febrero de 2012

Cuestión de perspectiva


A
La idea de muro infranqueable ha sido impuesta por la Real Academia Española. La idea de puerta como artefacto para atravesar paredes aparece mas adelante en el diccionario.

(En inglés, primero llega la puerta, luego la muralla)



B
Tantos recuerdos de la adolescencia enterrados en el bosque. Si hay un árbol para cada idea que queremos olvidar, la deforestación será una avalancha de paupérrimas reminiscencias.