eat your heart out

lunes, 16 de abril de 2012

Shyamalan.


(stay)
Como todos los días, te sentás en el extremo izquierdo de la mesa, junto a la ventana y mirás al edificio de al lado. Aunque ya sabés que todos los días son los mismos once, contás la cantidad de aparatos de aire acondicionado, solo para asegurarte que el mundo no cambia constantemente, que todavía estás a tiempo. Cuando terminás las tostadas con mermelada de durazno, abandonás la mesa, la ventana y el aire acondicionado.
Tardás mucho en el baño, cada día que pasa tardás más. Cómo si te costara más ponerte linda, pero yo te veo más linda que la primera vez que nos miramos fijo. Me gustan tus lunares casi imperceptibles, tus tics, tus muecas, tu timbre de voz. Me gusta tu pelo cuando recién te levantás, me gusta verte absorta, contemplando electrodomésticos.
Y me gustaría poder decírtelo, pero no tenés tiempo para hablar conmigo. Porque hay paro de subtes, porque te olvidaste de completar unas planillas, porque tenés ensayo, porque hay un evento especial y vas a llegar tarde.
Hay días enteros que pasan sin que pueda percibir tu aroma. Y no sé donde estás, pero sé que no te importa saber donde estoy yo. Sin embargo, siempre te espero en la cocina para cenar juntos; en el sillón, esperando tus mimos mientras mirás televisión; entre las sabanas para poder sentir el calor de tu cuerpo y poder, por fin, dormir lejos del frío.
Cuando llegás temprano a casa, te acostás en la cama desnuda y mirás a la nada esperando disecarte. Ponés siempre el mismo ultimo EP de Jaime Sin Tierra, esperando. Esperando escuchar una voz que te diga que las cosas pueden ser mejores, pero las palabras siempre son las mismas, siempre son los mismos acordes, las mismas melodías. Y me gusta oírte cantar Dubrubru con esa voz estresada, asustada, y harmoniosa. "Esta es la primera vez que sueño despierto..." dice tu voz en un suspiro. En esos días, espero a que te duermas para acostarme a tu lado. Me agrada la calidez natural de tu piel, inmutable al paso de los días, y los cambios de animo, la sangre sigue fluyendo.
Otros días volvés más alegre, como si hubieras conocido a otra persona. Como si un nuevo viento soplara sobre tu cuerpo erosionando tus angustias y construyendo castillos de  esperanza y nuevos mundos con nuevas posibilidades. Tal vez es verdad, tal vez conociste a alguien más, por eso tardás tanto en regresar, y ya ni siquiera me saludás.

Busco huecos donde volver a entrar a tu mundo, el que me está abandonando lentamente. Pero mi cuerpo ya no logra captar tu atención, y apenas puedo ver, ya no puedo hacer monadas y bailar por vos. Ya no hay nada en mí que sea de utilidad alguna. Ahora soy un electrodoméstico averiado, soy un mueble repleto de nada , soy una ventana, soy trasparente, un espacio vació que solía ser alguien. Me gustaría regresar al día en que nos conocimos, cuando las hojas de maple caían en los charcos a la  misma velocidad que las cenizas de tu cigarro; cuando el barro había arruinado tu atuendo, por culpa de un automovilista malintencionado; cuando el viento se había llevado tu paraguas sin color alguno y te estabas mojando. Entonces observaste en todas las direcciones, muerta de vergüenza, y nuestras miradas se cruzaron. Ahí estaba yo, debajo del árbol, contemplándote desde lejos, añorándote. Y así que miré hasta que me recibiste en tus brazos. Me sacaste de esa caja de antibióticos donde estaba encerrado, abandonado, y me dijiste que estaríamos juntos para siempre. Entonces ya nunca pude dejarte.

Al contemplar la casa sola me asalta una genuina sensación de insignificancia, como al contemplar las estrellas, o el océano. Eso es la casa cuando no estás, porque, cuando no estás, la casa es parte de ese inmenso mundo que nos separa. Ahora hay mares y tifones y autos y puertas y una barrera invisible y muda que nos separa.
Y siento como si las órbitas de los planetas fueran circulares. Así, siempre damos vueltas en torno a lo mismo sin poder acercarnos ni un centímetro.
Me pregunto cuando fue que la cagué. Y recuerdo aquella vez, que bajo una eterna lluvia salí de casa y deambulé por tres noches entre personas y tachos de basura. Necesitaba tiempo para pensar, necesitaba tiempo para estar solo, para conocer rostros empantanados que nunca volvería a reconocer, porque no podía tolerar que existiera alguien en tu vida más importante que yo. Pero, me di cuenta de que te necesitaba, y decidí volver a casa. Vos estabas ahí, en la puerta, con tu paraguas color cielo, bajo un cielo nublado, esperándome.
Tal vez nunca me pudiste perdonar realmente, y esa pequeña herida quebró lentamente nuestro tintero, manchando todo el departamento.

Como todos los días salgo a recorrer los lugares a los que me llevaste, la plaza con los bancos de cemento y los estamentos adolescentes, y esa calle larga de casas idénticas donde vive tu ex-novio. ¿Era la tercer casa a la derecha, o era la quinta a la izquierda?
Pero hoy no es como todos los días, hay un pequeño cambio de rutina, hoy esta cerrada la ventana que siempre dejabas abierta para que pudiera entrar.
Y ese simple gesto es todo lo que necesito para entender "me han abandonado."
"Me han abandonado" reitero. Pero las palabras siguen sonando como parte de una canción. Aún así, la verdad se palpa en el viento frio que asfixia mi cuerpo, en el hecho de que voy a morir atropellado por un automovilista y a nadie le va  a importar mi cadáver al costado de la ruta. Porque a nadie le importan los gatos callejeros.
Todo este tiempo, lo único que quise fue mirarte a los ojos y poder decirte "dejame quedarme con vos."
Lo único que quería era formar parte de tu vida, aunque tan solo me dedicarás un minuto cada semana para otorgarme una sonrisa, y alimento balanceado.
Mentirosa, dijiste que estarías conmigo para siempre, que me cuidarías y que ya nunca mas volvería a sentir frio, a estar solo. Para vos ya no existo, y no querés saber más nada conmigo. Y ya no puedo llamarte, ya no puedo gritarte, debo hacer de cuenta que nunca nos conocimos.

miércoles, 11 de abril de 2012

El unicornio se comió mi tarea.


Día de citas. Sumergirse en un sueño etéreo, lejos de todo aquello que quedó bajo la cama; dentro del closet junto a la ropa arrugada y prestada; en la ventana, con el árbol ficticio cuyas ramas golpean empujadas por un siniestro viento. ¿A dónde van los sueños que resignamos al decidir, una vez más, sumirnos en la amplia gama de delirios oníricos ajenos? ¿Nos esperan en algún lado? ¿Quién me esperará del otro lado del mundo?
Sellando un ataúd al que llamé desayuno, quise volver a escribir al renunciar a escribir. ¿Cuál era la diferencia entre ficción y realidad? ¿Cuál era la diferencia entre satélite y estrella fugaz?
La diferencia es nula, uno deforma una realidad en su mente hasta convertirla en agradable ficción; o viceversa. Soy Batman, soy una ventana, soy un redactor de cartas de amor, soy todos los días que elegís ignorar.*
Surge otra pregunta, ¿Cómo saber en qué momento la realidad comienza a ser deformada por nuestra mente? Si decimos que desde un principio, podemos inferir que no existe realidad como tal, todo es una cuestión de perspectiva.
¿Cómo podés decirme ahora que el unicornio fluorescente no se comió las cartas de amor que nunca escribí?

A tantas cosas absurdas hemos renunciado por creerlas incoherentes en un mundo en el que la realidad es una definición de diccionario.

Realidad: Dinamitar la luna llena en una noche de cortes de luz para poder contemplar, en la inmensidad de la oscuridad ausente en electricidad, a Polaris, Dubne, Merak, Phecda, Megrez, Alioth, Mizar, Alcor y Alkaid. Darse cuenta de que solo pueden divisarse desde el hemisferio norte.

¿Ahora te das cuenta por qué no estudié para semiología? Fueron la RAE, el tren, el unicornio azul que se perdió, el gol de Lorefice en el minuto 34; todos ellos complotando como estrellas en el hemisferio equivocado.


*Soy la persona que habla con letras de canciones.