eat your heart out

miércoles, 11 de abril de 2012

El unicornio se comió mi tarea.


Día de citas. Sumergirse en un sueño etéreo, lejos de todo aquello que quedó bajo la cama; dentro del closet junto a la ropa arrugada y prestada; en la ventana, con el árbol ficticio cuyas ramas golpean empujadas por un siniestro viento. ¿A dónde van los sueños que resignamos al decidir, una vez más, sumirnos en la amplia gama de delirios oníricos ajenos? ¿Nos esperan en algún lado? ¿Quién me esperará del otro lado del mundo?
Sellando un ataúd al que llamé desayuno, quise volver a escribir al renunciar a escribir. ¿Cuál era la diferencia entre ficción y realidad? ¿Cuál era la diferencia entre satélite y estrella fugaz?
La diferencia es nula, uno deforma una realidad en su mente hasta convertirla en agradable ficción; o viceversa. Soy Batman, soy una ventana, soy un redactor de cartas de amor, soy todos los días que elegís ignorar.*
Surge otra pregunta, ¿Cómo saber en qué momento la realidad comienza a ser deformada por nuestra mente? Si decimos que desde un principio, podemos inferir que no existe realidad como tal, todo es una cuestión de perspectiva.
¿Cómo podés decirme ahora que el unicornio fluorescente no se comió las cartas de amor que nunca escribí?

A tantas cosas absurdas hemos renunciado por creerlas incoherentes en un mundo en el que la realidad es una definición de diccionario.

Realidad: Dinamitar la luna llena en una noche de cortes de luz para poder contemplar, en la inmensidad de la oscuridad ausente en electricidad, a Polaris, Dubne, Merak, Phecda, Megrez, Alioth, Mizar, Alcor y Alkaid. Darse cuenta de que solo pueden divisarse desde el hemisferio norte.

¿Ahora te das cuenta por qué no estudié para semiología? Fueron la RAE, el tren, el unicornio azul que se perdió, el gol de Lorefice en el minuto 34; todos ellos complotando como estrellas en el hemisferio equivocado.


*Soy la persona que habla con letras de canciones.

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