eat your heart out

jueves, 24 de mayo de 2012


Voy a madurar, actuar como una persona de mi edad. Voy a empezar a comportarme como una -persona-



No te haces una idea acerca de cuanto me hieren tus palabras. ¿no te parece demasiado para un miércoles a las tres de la mañana?

Abril


Poco a poco desempolvo angustias otoñales y restablezco el imperio de la desidia. Volver una vez más a la rutina de las noches sin dormir, de las treinta tazas de café al día, de los apuntes laberinticos de semiología. Volver a dejar a los gatos corretear libres por la casa, una caja gigante de cartón a la que decidimos llamar hogar. Una rutina sin vos, en un hogar sin vos. Porque "vos" no existió desde un principio; miradas tímidas, roces de dudosa honestidad, átomos truchos que se rompen antes de ser moléculas. Un mero juego de sombras exagerando una mancha de té en la cotidianeidad.
Volver a la patética rutina de escribir sobre gente que no existe, inventar excusas y personas para explicar una angustia intrínseca y absurda. Volver al día en que todos usábamos nuestros propios nombres, y las papas fritas también se llamaban de otra manera.
Volver, siempre volver. Un círculo perfecto quebrantable, pero alejado. Eterno retorno a una vida que se alimenta de vidas y ficción, deseando ser otra cosa; a una muerte lenta y pegajosa que mancha la ropa; a los nervios y a los cigarrillos y al café y al insomnio y a la ligera sensación de ya haber pasado por acá. Siempre es abril.