eat your heart out

viernes, 22 de junio de 2012

El árbol junto a la ventana que nunca existió.



Tu lengua impoluta manipulando las formas de mi universo de cóncavo a convexo a laberíntico otra vez. Tu tersa piel untándose el ungüento de la sangre y el metal alcalino; dulce aroma, mezcla de cítricos y soledad. Tus dientes agudos, erosionando las alas. Eterno martirio, fricción pasional; las piedras y ramas y las plumas arrancadas. El abrazo a las convulsiones, a la neurosis, al miedo, a la voz en mi boca. El color de tu mirada posándose en mis labios. Tu divergencia siempre preocupando a mi lápiz. La necesidad intrínseca de saber cuántas veces pensaste en mi estos últimos meses.

Te recuerdo degustando alevosía, siempre tan superficial en sueños. Te deseo desplumada, infinita de signos, perpetua. Te prefiero intacta, ausente en experiencias; no más que un rhema ilimitado. Todas tus posibles vidas en el umbral de tu cara, una mueca de plata rizando tus pestañas concretas. Te extraño cada tanto, siempre.

lunes, 11 de junio de 2012

Resfrío IV


Andrea Victoria.

El crujir en el otoño de tus palabras emulando hojas olvidadas de aquel árbol que fue libro. Se las llevó el viento, volaron al cielo, volvieron al suelo. Creí que esa eternidad duraría para siempre, hasta que ya no me interesara, hasta el cambio de página. Pero el sol abandonó tus pestañas; iluso, como si eso te impidiera brillar. Nunca necesitaste luz para resplandecer, ni frío para estornudar, ni peluches para abrazar. Nunca fue necesaria presencia para sentirte acá, y justo ahora me hacés falta más.
El árbol de la vida, raíz de todos los problemas, bajo tierra. Un tallo naif y despistado, intoxicado de flores en una jaula, sobre otra jaula, sobre otra jaula; así, hasta la estratosfera. Nunca te voy a dejar de amar.

martes, 5 de junio de 2012

Peach.


Tijeras viejas perforan miradas
olor a óxido que corroe tu piel
al imprevisto contacto
entre tus pies y el vacío.

los hongos te enferman
las flores te queman
las plantas te muerden
pero seguís tu cruzada
en cada castillo me buscás
-abstracta-
una excusa para tus genocidios.