eat your heart out

viernes, 31 de agosto de 2012

No todos los Stegosaurus anaranjados se llaman Kimberly.


Alguien golpeó la puerta. Sentado frente a la Underwood, con una hoja de un vacío blanco refulgiendo al sol de la media tarde que entraba por las bisagras de la persiana, decidí no inmutarme. Escuché los pasos de él transitando el pasillo, luego, el chirrido de la anciana puerta, luego, un dialogo irreconocible.
-          ¡Carlos!- gritó Smailsicol - ¡El invierno está aquí!
Era lo que esperaba, y lo que menos deseaba, el invierno había llegado de visitas. Dejé la Underwood con pereza y descendí las escaleras de caracol en dirección a un cambio irreversible.
El invierno estaba como siempre, arrugado, pelado, desvencijado; tenía la cara que el estrés hubiera tenido de no haber sido atropellado veinte años atrás.
-          "El invierno está aquí".- repitió, venenoso, lapidario, inmundo.
-          No jodas. -  dije, valiente, temeroso, inconsciente.
Entró a mi casa sin pedir permiso, tenía nieve en sus zapatos, y tras sus pasos iba dejando gigantescas huellas. Alguien iba a limpiar eso, pero tal vez yo ya no estaría presente para preocuparme. Echó al gato del sofá y se sentó; vellos negros se adherían a su cuerpo mortecino.
-          ¿Un té?- ofrecí.
-          Podríamos ahorrarnos todas las convenciones sociales, Carlitos- respondió.
-          Bueno ¿Qué mierda hacés acá?- Inquirí, descortés.
-          Eso es irrelevante ahora. - contestó, su rostro inamovible- Por lo que veo, todavía no le dijiste nada al pobre chico.
Le di la espalda y suspiré. No le podía contar a Smailsicol, no lo entendería.
-          Él no tiene que saber; llevamos tres años y no sabe. Estamos bien así- murmuré.
-          Vos sos consciente de la mentira, Carlos. Pero, ¿y él?  Tenés que decirle la verdad.
-          La verdad es que lo quiero, y él me quiere. Todo lo demás son detalles sin importancia.
-          Los detalles sin importancia no se ocultan como vos los ocultás- Sentenció el enigma de hielo.
Otra vez le di la espalda. Era estúpido, todo esto era estúpido. Pero, ¿y si me dejaba? ¿Y si no entendía? ¿Y si me odiaba después de saberlo?
-          ¿Qué temés?- susurró muy cerca de mi oreja, pude sentir su aliento a menta helar mi cerebro.
-          Eso lo sabés muy bien.- repliqué.
El invierno me agarró de un brazo y me hizo voltear, sus ojos quedaron a centímetros de los míos.
-          Temés que, si él sabe que yo no soy tu invierno, sino tu primavera, descubra que sos un ser amargado y patético, y entonces te deje. - al final lo dijo, la respuesta que no quería formular, salió de unos labios que no me pertenecían. - No te preocupes - prosiguió- él ya lo sabe, tu transparencia me delató hace mucho.
-          ¿y no le importa?- pregunté, de repente la esperanza brillaba en mí.
-          No le importa, hace mucho tiempo que está viviendo un glorioso verano, lejos de vos. De hecho, te acaba de abandonar sin que vos lo notes.- me miró, sabía que sus palabras me habían destruido.- A nadie le gusta el frío, pero no sos el único que está solo. Hace mucho tiempo que dejé de llamarme primavera, los pimpollos nunca florecían cuando me acercaba, el sol tampoco respondía mis llamados, y nunca dejé de vomitar nieve.
Se dio la vuelta dispuesto a partir y entendí el gesto. Al llegar a la puerta, profirió unas últimas palabras.
-          A fin de cuentas, me llamo a mi mismo invierno; nunca le mentiste a Smailsicol. -me sonrió- Bueno, hasta la próxima, Carlos.
-          Adiós, primavera.
Sonreí, porque no había esperanzas para la gente fría y amargada, no había nada que ocultar.


lunes, 27 de agosto de 2012

Battement Tendú.


Como si un cigarrillo fuera a hacer la diferencia. Como si esos cristales violáceos fueran a descender por las muecas creando un efecto centrifugo. Como si eso fuera posible. Como si los pequeños pasos del continente en la dirección equivocada no fueran a separarte de la barra, haciéndote tambalear y perder el equilibrio. Como si las palabras, los días, las voces, los soles, fueran a existir lejos del mundo.