eat your heart out

sábado, 12 de enero de 2013

Clases de vuelo.


-Tantos pétalos de lluvia guardaste en mi garganta que ya creo que soy un árbol y me estoy quedando sin otoños.
-Con el vacío colosal que dejaste en mi corazón, creo que podríamos hacer algo. Cavar una tumba y sepultar a nuestros hijos, tal vez. Ya no los deseo en bolsas de consorcio llenando vertederos.
Decían y flotaban a  la deriva en un rio incansable. Había árboles en la ribera que se mecían con ligereza hipnótica . La bruma y el sol invadían el entonces cielo apático
-Nahír lloró cuando las arcanas dijeron que íbamos a tener un hermanito. Llenó una tina con sus lágrimas y se ahogó.
-Alan también se ahogó ¿Por qué será que siempre terminamos en el agua?
-¿Cuantas veces, no? ¡Cuántas veces nos caímos al agua!
Hubo una suave brisa, conocida entonces como silencio, y los buitres acechaban en el horizonte.
-Perdón, perdón por no haber podido aprender a volar.
-No, perdóname vos por no haberte enseñado a hacerlo.
Dijo, y agitando sus rumorosas alas, emprendió vuelo hacia las aves.

Clases de natación.




Algunos cuerpos simplemente no flotan ni se hunden, tan solo atraviesan el velo acuático y reconocen las estrellas que también existen en las profundidades. El universo es entonces un ambrigrama y la figura se repite espejada en el dorso del mundo. Entonces de eso se trataban los intentos fútiles de tocar el sol durante la inundación; de acariciar la tierra porque no está; de nombrar a la soledad; de hablarle a una tumba como si fuera  a escuchar; de intentar amar a un ser humano. De todas las piedras y plantas en este planeta, justo amar a un ser humano. Como si acaso entonces, la inversa no fuera la misma, la mierda reflejada en las pupilas del otro y mis ojos llenos de cloro no espejan miradas sino que las tragan sin saborearlas. Me estoy ahogando en un blíster de neurosis, y puede que vos solamente me estés llevando hacia la parte honda. Sin embargo, algunos cuerpos simplemente no flotan ni se hunden, tan solo evitan el agua.

Clases de manejo.




-Che, ¿te dije que tengo la habilidad especial para chocar automóviles y salir ileso? Habrá sido allá por el 2009, mi viejo me estaba enseñando a manejar en Brandsen, apenas nos habíamos peleado y River Plate era un equipo de primera división, y uno de los mejores. Así que, te imaginaras hace cuánto fue. Veníamos hablando de la gestión de Cristina Fernández, pero yo estaba más interesado en escuchar Karma Police en el estéreo. Pone cuarta me dijo, y  no encontraba la palanca de cambios, por eso bajé la vista, y  por pelotudo pegué un volantazo. El auto se fue de costado y atravesó una alambrada hasta chocar contra una casita que había a unos metros. Él murió al instante, pero mírame a mí. Choqué cuarenta y dos autos desde entonces. Obvio que siempre manejo solo, vos sos mi primer acompañante. Si te soy sincero, me sorprende, yo pensé que eras feliz. ¿Agarro por 14?

sábado, 5 de enero de 2013

Un viejo que hacia desaparecer nubes/ Días de coma.




Es mi cuerpo. Se siente… equivocado. Al cerrar los ojos puedo percibir una incierta angustia, sensación ilógica de estar descolocado. No sé si floto o me hundo, pero es cómodo. Cómodamente en coma, si retengo la respiración unos minutos tal vez gane la habilidad de volar. Si aprieto mis ojos con fuerza, puedo ver cosas que no existen, no sé si reconozco esos colores realmente, o si los imagino de la misma manera que imaginé toda mi infancia, todos mis sueños pasados que ahora huelen a naftalina. El árbol que nunca planté; esa herida en la rodilla izquierda, al caer de una bicicleta ficticia; los pasteles de tierra, el olor de asfalto mojado en un verano lluvioso, la guerra de bombitas con agua en carnaval, la navidad y la pirotecnia. Cuantos otros mitos que vimos desde detrás de la cortina, ahora se sienten propios, ahora que nadie los quiere. Los doctores veían lo mismo, tal vez, solo que a través de manchas en radiografías, test de Rorschach con mi espina dorsal, columna vertebral, tibia, humero y peroné. Creo que un día nombraron al cúbito y me pareció gracioso. Creo que también estoy inventando eso. A veces invento enfermedades y animales mitológicos para explicar mi anorexia sexual, la desidia, dieciséis horas en cama. Anemia, estrés, angustia, neurosis, histeria, hipogrifo, súcubo, poltergeist, Evangelion. Mi estado de ánimo depende de los demás, de la manera en que los duendes dispongan de los colores en el mundo, de la cantidad de manchas en el gato del vecino, que me mira y sale corriendo como si me tuviera más miedo que yo a él. Absurdo. Hay días más purpúreos que otros, días que perduran el rojo de la decepción, el azul del pánico, el verde de la salida de emergencia. Hay días en blanco, cuando una ameba resbala con un arcoíris de terciopelo, y el mundo es un árbol hechicero. Hay días de celeste, como cuando el niño que dibuja en los recreos se olvida de las nubes, o no tiene sacapuntas, o le robaron la cartuchera. Hay días de negro también, pero el negro es imperfecto, siempre hay halitos de sol y luna traspasando las rendijas de la jaula, el umbral del portal, las puertitas del placard. A veces quisiera oscuridad total. Cerrar los ojos. Abrir los ojos. Probar un sabor de té que esté enamorado de mí.

Melisa.



Te soñé en mi infancia. Escapamos de la casa y el día escapó de la noche. Ahora pienso en vos y tus cantos más nítidos, contornos sugestivos enmarcados en oro. La luna te mira como un lago profundo. Vos parpadeás y desaparece, como todo lo demás. Tu rostro en la pared, fantasma de la araña que alguna vez pisoteé: fue sin querer. Tu rostro en la pared, tratando de escapar al cemento, arquitectura del terror y los golpes en el espejo. El dolor íntegro del reflejo espantándose con las plumas que los cuerpos arrojan al entrar en pánico. Creciste conmigo, creció la adolescencia y sus enfermedades madreselvas, creció el océano, crecieron sus granitos de arena. Los ruidos, deformación de la imagen barata de un amor. Dice tu voluntad con atropellos a la mesa, y un dejar caer un papel al suelo que hace temblar mis estructuras. El amanecer que se oxida en la habitación, creció la adultez, han madurado los arboles intestinales, se han marchitado sus flores, algo huele a podrido. Ahora creo que quienes se aman deben abandonar el mundo en avalanchas de introspección. Que se pierdan en el Inconsciente y alguien más cierre el grifo, no más rumores, no más gotas desprotegidas, melodía de la calma rítmica. Si me amas es por tu culpa, si te extraño, eso es mi culpa, que piense en vos, eso es inevitable, que me mires, que me mires es imposible, no me mires, con esos ojos, tus ojos. Tu mirada debería estar cerrada, tengo la llave en mi mano, tengo a Pandora empalada contra los zócalos, sus entrañas en el parabrisas tácito, su corazón palpita rocas giratorias, asteroides que emergen al salir el sol. Florecen los amantes, pimpollos de sudor y fluidos humanos esparcidos a la atmosfera, inundan la entropía universal con la energía engendrada en un orgasmo. Artilugios de tiza, palabras, conocimientos metamórficos. Definiciones estancadas en siglos pretéritos. Gélidas sílfides se mecen en el viento, aire ominoso y perpetuo desconsuela la casa, asolando de ventanas mi mente. Se desmoronan las arterias de escape. Me alcanza la vejez del continente, ya no te sueño, sueño con una infancia de sueños. Tormenta eléctrica onírica que amenaza con exiliar las montañas ulteriores del cosmos. Ahora me miras con tu mirada pasillo, con tu palabra subterfugio, con tu perfume retorico, con tus neuronas ansiolíticas. Ahora me culpas por un suplicio nostálgico. Ahora me recordás olvidos enmascarados. Convicción forzada de entelequia dudosa. Dejo de soñarte en tu infancia. Dejo que la noche fagocite al día y a la casa. Dejo de pensar en vos, tus cantos se trastocan, tus contornos bizarros se tuercen. La luna se ahoga en tus pestañas. Dejá de mirarme. Esto es un sueño, otro sueño. Cierro los ojos con fuerza. Intento escuchar al silencio. Tu fantasma respira en penumbras. No me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, por favor, no me hables.