eat your heart out

sábado, 5 de enero de 2013

Melisa.



Te soñé en mi infancia. Escapamos de la casa y el día escapó de la noche. Ahora pienso en vos y tus cantos más nítidos, contornos sugestivos enmarcados en oro. La luna te mira como un lago profundo. Vos parpadeás y desaparece, como todo lo demás. Tu rostro en la pared, fantasma de la araña que alguna vez pisoteé: fue sin querer. Tu rostro en la pared, tratando de escapar al cemento, arquitectura del terror y los golpes en el espejo. El dolor íntegro del reflejo espantándose con las plumas que los cuerpos arrojan al entrar en pánico. Creciste conmigo, creció la adolescencia y sus enfermedades madreselvas, creció el océano, crecieron sus granitos de arena. Los ruidos, deformación de la imagen barata de un amor. Dice tu voluntad con atropellos a la mesa, y un dejar caer un papel al suelo que hace temblar mis estructuras. El amanecer que se oxida en la habitación, creció la adultez, han madurado los arboles intestinales, se han marchitado sus flores, algo huele a podrido. Ahora creo que quienes se aman deben abandonar el mundo en avalanchas de introspección. Que se pierdan en el Inconsciente y alguien más cierre el grifo, no más rumores, no más gotas desprotegidas, melodía de la calma rítmica. Si me amas es por tu culpa, si te extraño, eso es mi culpa, que piense en vos, eso es inevitable, que me mires, que me mires es imposible, no me mires, con esos ojos, tus ojos. Tu mirada debería estar cerrada, tengo la llave en mi mano, tengo a Pandora empalada contra los zócalos, sus entrañas en el parabrisas tácito, su corazón palpita rocas giratorias, asteroides que emergen al salir el sol. Florecen los amantes, pimpollos de sudor y fluidos humanos esparcidos a la atmosfera, inundan la entropía universal con la energía engendrada en un orgasmo. Artilugios de tiza, palabras, conocimientos metamórficos. Definiciones estancadas en siglos pretéritos. Gélidas sílfides se mecen en el viento, aire ominoso y perpetuo desconsuela la casa, asolando de ventanas mi mente. Se desmoronan las arterias de escape. Me alcanza la vejez del continente, ya no te sueño, sueño con una infancia de sueños. Tormenta eléctrica onírica que amenaza con exiliar las montañas ulteriores del cosmos. Ahora me miras con tu mirada pasillo, con tu palabra subterfugio, con tu perfume retorico, con tus neuronas ansiolíticas. Ahora me culpas por un suplicio nostálgico. Ahora me recordás olvidos enmascarados. Convicción forzada de entelequia dudosa. Dejo de soñarte en tu infancia. Dejo que la noche fagocite al día y a la casa. Dejo de pensar en vos, tus cantos se trastocan, tus contornos bizarros se tuercen. La luna se ahoga en tus pestañas. Dejá de mirarme. Esto es un sueño, otro sueño. Cierro los ojos con fuerza. Intento escuchar al silencio. Tu fantasma respira en penumbras. No me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, por favor, no me hables.

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