eat your heart out

jueves, 27 de noviembre de 2014

Tres poémas chotos para el tetra.


I
Casi más de cuatroscientas cuarenta y cuatro horas edificando castillos
Tirando piedritas blancas en arenas movedizas
A veces salgo a podar las plantas
Pero no dejan de crecer.
Lo van a pasar en la tele
Haceme caso.
Cuando las ramas del tiempo
Alcanzan el abdomen
Casi siento que podría mandarme un Storni
Y darle un cabezazo al fondo del mar.

II
Cuando te fuiste
 dejaste al perro encadenado en el patio.
Con candado y un cacho de carne.
Te llevaste las llaves junto a tus cosas
Junto a cosas mías también
Como las ganas
Como El Ocaso de los Ídolos.
Y todavía pienso en vos
En tu tacto de nube 
y nunca cielo
Y en pececitos de Origami sobre las sábanas
Cada vez que ese perro de mierda ladra
Pidiéndome agua
Y le digo que esto del naufragio era cosa tuya
Cada vez que hojeo el Anticristo
 y creo que te quedaste con la mejor parte
Porque te quedaste con la mejor parte.
A mí ni siquiera me gustan los perros.

III
Yo nunca te mentí
Siempre fui una lámpara en una fábrica de lámparas.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Siempre nos quedará Proxima Centauri.


La noche habla un lenguaje diferente, más espeso. Las palabras se adhieren en la oscuridad.

Acopio de felinos para repeler hechicerías y espectros.









Perdón por los gatos
Los pelos en el aire
Las pulgas
Y el olor a mierda.

jueves, 19 de junio de 2014

Escritor bronce V



Intento de pajarera I
 
Llueve pintura. El cielo se tiñe de nombres pelotudos: fiesta de la cereza, rojo Derby, azul Windsor, blanco dinastía Ming, azul marino, luz negra, negro.

Antes no llovía pintura; antes las casas eran de madera y piedra, y no arco iris. Ahora arco iris parada de tren, azul fantasma.

En tu funeral las lápidas son celestes y las cloacas amarillas, yema de huevo, sol de primavera. Vos lo quisiste así, todo preparado para respawnear y empezar a cagar aguarrás.

Tres días juntando de a poquito litros de sintética, tres días poniéndole color a las amapolas, tres días y ahora volvés con tu sonrisa desnuda, con tus dientes blancos, con tu mirada transparente.

Como si fuera algo memorable, ahora estallan fuegos artificiales y salís bailando de la tumba. Azul discreto, azul salvaje, era de hielo. Y el cielo tan rosa de hadas, tan néctar de damasco, tan torbellino de durazno, tan bahía de coral.

Llueve pintura, pero siempre estás ahí para poner todo en su lugar. Sin maquillaje somos todos más vulnerables.



Intento de pajarera II

Las fronteras de mi imperio culminan en los cantos redondeados de la maceta. Insisten los seres de estómago con el asunto del progreso, pero poco importa si mis raíces no pueden extenderse y monopolizar el asteroide; qué importa ahora si mis hojas son verdes, si la tierra es negra, si la maceta no se rompe.
Creí haberte dicho que soy una planta de interiores. O lo debiste haber leído en la Wikipedia. Los seres vivos no venimos con instructivo, pero no exageres. Error grosero hacerme ver el sol. Ahora tengo sed y bajo el radiante sol de mediodía clamo por agua. Y ahora llueve, y bajo las plateadas nubes oscuras clamo por luz. ¿Inconformismo?
Ahora brilla el astro y pido luz, y pido hidrógeno y helio.
Ahora hay un diluvio y el mundo se desborda, y pido agua, y pido hidrógeno y oxígeno.
¿Qué te hace pensar que me copa ser dejado ante la inundación?


lunes, 3 de marzo de 2014

No sé. Quería publicar algo.


Si abrís mi cabeza en este instante es más probable que te encuentres con una masa grisácea y viscosa emergiendo, decantando muerte, que con ideas de cambio o unicornios fluorescentes. Comprate un cuchillito y vení a averiguarlo.
Recostate, me dijiste con tu voz adherente, y sé que me miraste a los ojos sondeando cada poro, cada minúscula deformidad en mi cuerpo. Cerrá los ojos, me dijiste con tu voz adherente y tus dedos acariciaron mis labios sobrevalorados. Luego me asiste en tus brazos y me llevaste directo a la camilla, me ataste las muñecas, los tobillos y tuve esa ligera sensación de aprehensión que siempre llega demasiado tarde.
Entonces hablaste como si las palabras tuvieran un significado mayor que el tacto, que la vista. Dejá de pensar. No pienses eso. Superá tus miedos. Pensar eso no te va a llevar a ningún lado. Eso decías. La misma mierda de niña normal, puta, heterosexual. La misma mierda con más parafernalia. Abriste la ventana y entró el olor a hospital, entraron los pacientes, los mimos, un imbécil con un violín, la pelota rodadora del desierto, los muebles, los animales, un vestido de casamiento, los ruidos de la calle, los ruidos de la gota de agua estallando al fondo de un recipiente metálico, los pasos sobre el piso de madera, otro imbécil leyendo a Neruda, Aníbal cruzando los Alpes con sus elefantes, un quiero vale cuatro que nadie escuchó, vos cogiendo con alguien más, un tercer imbécil inhalando la G como si fuera una H, las telas de araña, un ejercito de 504 sin luces dispuestos a atropellarme, y siguieron entrando hasta que me quedé dormido.
Si abrías mi cabeza en ese instante, era más probable que te encontraras con una masa grisácea y viscosa emergiendo, decantando muerte, que con fijaciones, ideas de desdicha bailando rumba. Me clavaste el cuchillito en la frente y te fuiste.
Insisto. Soy una jaula sin pájaro.

lunes, 6 de enero de 2014

Materiales Anómalos





-¿En qué pensás? Me decía. Y no sabía por qué insistía en saber en qué pensaba cuando no entendería, cuando no entendería nada de lo que me pasaba, porque algunas cosas no se hicieron para entenderse. O al menos eso pensaba, que no lo entendería. Y porque cuando le dije a ella en qué pensaba no lo entendió, y por qué vas a entenderlo vos ahora que si hay algo que te preocupa es llegar a fin de mes y tus problemas son mesurables y propiedad de alguna entidad.
-Nada. Respondía, como nada te digo ahora y vos arrimás tu cuerpo contra el mío y casi siento que podría dormirme sin pensar en la muerte, y casi que siento que puedo perderme en tus brazos y flotar a la deriva hasta el descanso, y casi que siento que no hay peligro con vos. Te doy la espalda y me rodeas con tu brazo y todos mis adentros colapsan de un silencio que grita por ser voz.
No creo que estemos hechos solo de carne y hueso y contexto social, creo que poseemos pequeñas partículas, materiales anómalos que hacen todo un poco más impredecible. Una micropartícula es lo que te hace especial. Es lo que me gusta pensar, o lo que me gustaba pensar, ya ni sé la verdad.
No sé por qué me metí en esto, con vos, por qué te metí en esto, si sé que no vas a llegar hasta el final o no te voy a permitir hacerlo, porque sé que a veces puedo ser yo quien se regodeé en su miseria y cierre la puerta con llave de una vez y para siempre. Tal vez para vos haya salida mientras voy y pienso en decirte que voy a tirarme al río y que me quieran los renacuajos, que ellos sí que no deben tener prejuicios. O capaz que ellos también, que ellos me miran y me rechazan por despojo. ¿Cómo decirlo ahora que todo está tan bien y un decir podría arruinar la construcción? Mejor callar, seguir cargando con el peso y añadir el de la mentira atroz, que no sea mi voz la que me condene; mi callar sí, a mi silencio le he permitido mucho y le debo tanto más que creo que podría vivir hasta que me trague mi mugre sin decir una sola palabra y qué me importa ahora si ella no lo entendió y vos no sé todavía y ni siquiera sé si voy a decirlo, qué me importan las palabras si puedo abrazarte y ya no sentir el frío inexorable del mundo, del otro mundo que existe más allá de tus brazos fuertes.
-Te amo. Decís.
Y no. No. No son mis palabras ni mi silencio, sino tu frasecita tonta de final de novela romántica la que destruye todo este proyecto.
No es que no te quiera, todo lo contrario, te quiero tanto que no puedo permitirte la entrada a este desahucio. Perdoname, perdoname. Todo este tiempo, todas las salidas, la suave brisa de tus besos, tus decires de una ternura cruel que me dejan deshecho, el calor de tu pene dentro del jean; tantas cosas juntos y no, no, no, no, no puedo mirarte a los ojos y explicarte este asunto de los materiales anómalos con ejemplos a viva piel, como se lo expliqué a ella, la micropartícula que emergió junto a mis lágrimas y trató de magullarla. No podés saberlo y no puedo permitir que continúes con esto sin saberlo. No me ames.
Soy una jaula sin pájaro.