eat your heart out

lunes, 3 de marzo de 2014

No sé. Quería publicar algo.


Si abrís mi cabeza en este instante es más probable que te encuentres con una masa grisácea y viscosa emergiendo, decantando muerte, que con ideas de cambio o unicornios fluorescentes. Comprate un cuchillito y vení a averiguarlo.
Recostate, me dijiste con tu voz adherente, y sé que me miraste a los ojos sondeando cada poro, cada minúscula deformidad en mi cuerpo. Cerrá los ojos, me dijiste con tu voz adherente y tus dedos acariciaron mis labios sobrevalorados. Luego me asiste en tus brazos y me llevaste directo a la camilla, me ataste las muñecas, los tobillos y tuve esa ligera sensación de aprehensión que siempre llega demasiado tarde.
Entonces hablaste como si las palabras tuvieran un significado mayor que el tacto, que la vista. Dejá de pensar. No pienses eso. Superá tus miedos. Pensar eso no te va a llevar a ningún lado. Eso decías. La misma mierda de niña normal, puta, heterosexual. La misma mierda con más parafernalia. Abriste la ventana y entró el olor a hospital, entraron los pacientes, los mimos, un imbécil con un violín, la pelota rodadora del desierto, los muebles, los animales, un vestido de casamiento, los ruidos de la calle, los ruidos de la gota de agua estallando al fondo de un recipiente metálico, los pasos sobre el piso de madera, otro imbécil leyendo a Neruda, Aníbal cruzando los Alpes con sus elefantes, un quiero vale cuatro que nadie escuchó, vos cogiendo con alguien más, un tercer imbécil inhalando la G como si fuera una H, las telas de araña, un ejercito de 504 sin luces dispuestos a atropellarme, y siguieron entrando hasta que me quedé dormido.
Si abrías mi cabeza en ese instante, era más probable que te encontraras con una masa grisácea y viscosa emergiendo, decantando muerte, que con fijaciones, ideas de desdicha bailando rumba. Me clavaste el cuchillito en la frente y te fuiste.
Insisto. Soy una jaula sin pájaro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario