eat your heart out

miércoles, 12 de abril de 2017

El frasco de las cosas.



Inside a living room where only I live and never go in-

Te sacamos todo lo que está mal con vos y te lo podés llevar a tu casa, dicen unos dientes blancos que sonríen. Imagen de un quirófano. No te va a doler nada, dice la doctora y sonríe, algo aliviada de que no haya optado por la anestesia total. Ella viste de azul o celeste y tiene guantes blancos, como sus dientes. Me desnudo entre temblores, porque hace frío y tengo miedo y siento vergüenza de mi cuerpo, siempre sentí vergüenza de mi cuerpo, a veces pienso que preferiría morir antes que quitarme la ropa. Pero no es verdad, de hecho, me aterra la muerte. Por eso dije que no a la anestesia total. Tuve varias operaciones y es la primera vez que digo que no a la anestesia total. No sé cuándo pasó, en qué momento comencé a sentir miedo; ahora todo lo que siento viene acompañado del miedo. No te muevas, dice la doctora, no trates de moverte, es peor si lo hacés, aclara. Usa las palabras precisas, como una persona reconfortando a alguien que quiere y va directo al desastre. Pero la doctora no me quiere, no creo que me quiera, no me conoce. Pensá en algo bonito, dice, como dando por hecho que la escena de una persona recostada inmóvil en una camilla, rodeada de otras personas que sostienen instrumentos quirúrgicos, de frío metálico y letal, no cuenta como algo bonito. Imagen de una mujer mirando la tele. Por algún motivo pienso en vos. Quizás es el olor a hospital que siempre me pareció que tenía el interior del espejo del baño. Ese espejo en el que guardabas más cosas de las que entraban. Así creo que debe estar mi interior, repleto de cosas de más. Ponés la pava para el té, la tele dice que el martes va a llover, yo te digo que tengo cosas adentro que no me permiten mover con soltura, la tele está a un volumen demasiado alto, vos me mirás y me decís que todo va a estar bien. Me sonreís y tu sonrisa me recuerda a la de la doctora.  Si no te sacamos lo que tenés dentro, las cosas se van a extender, dice. Es un proceso simple, solo tenemos que abrirte y hurgar. Y ya sé que suena horrible, añade. Abrir y hurgarme. Cortarme en pedacitos. Sacarme las cosas y ponerlas en un frasco. Quitarme el peso que me hunde en el pantano. Hundirme en el pantano. Pienso en vos. Imagen de una mujer mirando la tele. Imagen de una mujer preparando un té, abriendo el paquete de galletitas. Va a llover el martes. El olor del té que se enfría en la taza. Pienso en vos. Vos escribís un poema sobre una persona que dice albergar un pantano en su interior. Vos no me decís nada, pero escribís un poema sobre una persona que dice tener la sangre inundada de marismas. Una persona que dice, no una persona que es. Siento las cosas girar a mi alrededor, fuera de foco. No sé si es la anestesia, la idea de que a escasos centímetros, hay media docena de manos jugando con mis órganos,  o la conmoción de comprender que no pensabas que mis dramas eran reales. Pienso en vos. Vos nunca creíste en mí. Nunca me creíste. Imagino el escalpelo. Pienso en moverme, en un pequeño giro que acabe con todo. Pero me aterra la muerte y no puedo moverme. Nunca había visto tanto, escucho decir a la doctora. Temo. Pienso en vos. ¿Pensás en mí? Cuando tomás el té y tus labios arden, cuando abrís el paquete de galletitas y tomás una. ¿Pensás en mí? ¿Te das vuelta en la cama esperando tocar mi espalda? ¿Te detenés, dejás que el té se enfríe cuando mi imagen reposa fija en tu mente? Pienso en vos, en la tormenta que fuiste, en la inundación, en los árboles derribados al costado de la ruta. En todas las cosas lindas. Cucharaditas de azúcar en la taza, meriendas de medianoche. En todas las cosas malas. Tormenta, inundación, árboles al costado de la ruta. Pienso en todas las cosas. Pienso en mostrarte el mosaico con todas las cosas cuando llegue a casa, pero ahora estoy solo y la tele está apagada. No va a llover el martes.  La doctora me dice que puedo vestirme. Me entrega un paquete. Es del color de la madera y no pesa mucho. Me dice que puedo irme y me voy. Sigo pensando en vos. Todavía siento la forma de las cosas articulándose dentro. Hay varias personas esperando ser atendidas. Hay mil personas esperando ser atendidas. Abandono el hospital por la puerta grande, me duele un poco el cuerpo y todavía siento nauseas. Abro el paquete, tiene un contenedor de vidrio transparente en su interior. Tomo el recipiente repleto de toda la mierda que tenía dentro, no pesa mucho y es azul. Un líquido azul que no pesa mucho es el resumen clínico de mis fracasos. Miro el frasco otra vez,  no me siento más ligero, no me siento mejor. Pienso en ponerlo en el escritorio, al lado de un dibujo que hiciste una vez para mí. La parada del colectivo está a dos cuadras, cerca de la plaza que tiene hamacas. La última vez hicimos el camino de la mano  y estaba nublado. Caminabas apoyando tu peso en mi cuerpo porque estabas mareada. Paramos cerca del edificio abandonado porque querías vomitar pero al final no lo hiciste. Me abrazaste y estabas pálida y helada y fuimos a un lugar a que comieras algo. No tenían té. Pediste un cortado con un tostado. Salía vapor de la taza de café. Fuiste al baño y cuando volviste  tu cara se notaba más cálida. Tenías rubor en los pómulos y un mechón de pelo adherido a tu frente mojada. Dijiste te amo.

1 comentario:

  1. "Un líquido azul que no pesa mucho es el resumen clínico de mis fracasos"

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