(stay)
Como todos los días,
te sentás en el extremo izquierdo de la mesa, junto a la ventana y mirás al
edificio de al lado. Aunque ya sabés que todos los días son los mismos once,
contás la cantidad de aparatos de aire acondicionado, solo para asegurarte que
el mundo no cambia constantemente, que todavía estás a tiempo. Cuando terminás
las tostadas con mermelada de durazno, abandonás la mesa, la ventana y el aire
acondicionado.
Tardás mucho en el
baño, cada día que pasa tardás más. Cómo si te costara más ponerte linda, pero
yo te veo más linda que la primera vez que nos miramos fijo. Me gustan tus
lunares casi imperceptibles, tus tics, tus muecas, tu timbre de voz. Me gusta
tu pelo cuando recién te levantás, me gusta verte absorta, contemplando
electrodomésticos.
Y me gustaría poder
decírtelo, pero no tenés tiempo para hablar conmigo. Porque hay paro de subtes,
porque te olvidaste de completar unas planillas, porque tenés ensayo, porque
hay un evento especial y vas a llegar tarde.
Hay días enteros que
pasan sin que pueda percibir tu aroma. Y no sé donde estás, pero sé que no te
importa saber donde estoy yo. Sin embargo, siempre te espero en la cocina para
cenar juntos; en el sillón, esperando tus mimos mientras mirás televisión; entre
las sabanas para poder sentir el calor de tu cuerpo y poder, por fin, dormir
lejos del frío.
Cuando llegás
temprano a casa, te acostás en la cama desnuda y mirás a la nada esperando
disecarte. Ponés siempre el mismo ultimo EP de Jaime Sin Tierra, esperando.
Esperando escuchar una voz que te diga que las cosas pueden ser mejores, pero
las palabras siempre son las mismas, siempre son los mismos acordes, las mismas
melodías. Y me gusta oírte cantar Dubrubru con esa voz estresada, asustada, y
harmoniosa. "Esta es la primera vez que
sueño despierto..." dice tu voz en un suspiro. En esos días, espero
a que te duermas para acostarme a tu lado. Me agrada la calidez natural de tu
piel, inmutable al paso de los días, y los cambios de animo, la sangre sigue
fluyendo.
Otros días volvés
más alegre, como si hubieras conocido a otra persona. Como si un nuevo viento
soplara sobre tu cuerpo erosionando tus angustias y construyendo castillos
de esperanza y nuevos mundos con nuevas
posibilidades. Tal vez es verdad, tal vez conociste a alguien más, por eso
tardás tanto en regresar, y ya ni siquiera me saludás.
Busco huecos donde
volver a entrar a tu mundo, el que me está abandonando lentamente. Pero mi
cuerpo ya no logra captar tu atención, y apenas puedo ver, ya no puedo hacer
monadas y bailar por vos. Ya no hay nada en mí que sea de utilidad alguna.
Ahora soy un electrodoméstico averiado, soy un mueble repleto de nada , soy una
ventana, soy trasparente, un espacio vació que solía ser alguien. Me gustaría
regresar al día en que nos conocimos, cuando las hojas de maple caían en los
charcos a la misma velocidad que las
cenizas de tu cigarro; cuando el barro había arruinado tu atuendo, por culpa de
un automovilista malintencionado; cuando el viento se había llevado tu paraguas
sin color alguno y te estabas mojando. Entonces observaste en todas las
direcciones, muerta de vergüenza, y nuestras miradas se cruzaron. Ahí estaba
yo, debajo del árbol, contemplándote desde lejos, añorándote. Y así que miré
hasta que me recibiste en tus brazos. Me sacaste de esa caja de antibióticos
donde estaba encerrado, abandonado, y me dijiste que estaríamos juntos para
siempre. Entonces ya nunca pude dejarte.
Al contemplar la
casa sola me asalta una genuina sensación de insignificancia, como al
contemplar las estrellas, o el océano. Eso es la casa cuando no estás, porque,
cuando no estás, la casa es parte de ese inmenso mundo que nos separa. Ahora
hay mares y tifones y autos y puertas y una barrera invisible y muda que nos
separa.
Y siento como si las
órbitas de los planetas fueran circulares. Así, siempre damos vueltas en torno
a lo mismo sin poder acercarnos ni un centímetro.
Me pregunto cuando
fue que la cagué. Y recuerdo aquella vez, que bajo una eterna lluvia salí de
casa y deambulé por tres noches entre personas y tachos de basura. Necesitaba
tiempo para pensar, necesitaba tiempo para estar solo, para conocer rostros
empantanados que nunca volvería a reconocer, porque no podía tolerar que
existiera alguien en tu vida más importante que yo. Pero, me di cuenta de que
te necesitaba, y decidí volver a casa. Vos estabas ahí, en la puerta, con tu
paraguas color cielo, bajo un cielo nublado, esperándome.
Tal vez nunca me
pudiste perdonar realmente, y esa pequeña herida quebró lentamente nuestro
tintero, manchando todo el departamento.
Como todos los días
salgo a recorrer los lugares a los que me llevaste, la plaza con los bancos de
cemento y los estamentos adolescentes, y esa calle larga de casas idénticas
donde vive tu ex-novio. ¿Era la tercer casa a la derecha, o era la quinta a la izquierda?
Pero hoy no es como
todos los días, hay un pequeño cambio de rutina, hoy esta cerrada la ventana
que siempre dejabas abierta para que pudiera entrar.
Y ese simple gesto
es todo lo que necesito para entender "me han abandonado."
"Me han
abandonado" reitero. Pero las palabras siguen sonando como parte de una
canción. Aún así, la verdad se palpa en el viento frio que asfixia mi cuerpo,
en el hecho de que voy a morir atropellado por un automovilista y a nadie le va a importar mi cadáver al costado de la ruta.
Porque a nadie le importan los gatos callejeros.
Todo este tiempo, lo
único que quise fue mirarte a los ojos y poder decirte "dejame quedarme
con vos."
Lo único que quería
era formar parte de tu vida, aunque tan solo me dedicarás un minuto cada semana
para otorgarme una sonrisa, y alimento balanceado.
Mentirosa, dijiste
que estarías conmigo para siempre, que me cuidarías y que ya nunca mas volvería
a sentir frio, a estar solo. Para vos ya no existo, y no querés saber más nada
conmigo. Y ya no puedo llamarte, ya no puedo gritarte, debo hacer de cuenta que
nunca nos conocimos.