Comencé la
limpieza antes de ayer. Siempre digo que no pueden encontrar el cuerpo entre
tanta mugre y me dispongo a limpiar la casa antes de despedirme. Cuando termino
estoy tan cansade que ni da. Creo que igual no quiero. El baño fue la primera
parada. Encontré cepillos de dientes usados por mis últimas tres parejas. El
tuyo era el más gastado; al principio despreciabas el sabor que te dejaba en la
boca mi dentífrico rosado con gusto a frutillas y tuve que comprar el clásico
para que te lavaras los dientes. Me acostumbré a la menta. También saqué el
sarro del inodoro y los pelos atorados en el desagüe de la ducha. Tomé un
descanso, me hice un té y me entretuve con Darkest Dungeon. Unstable Flesh mató
a mi grave robber con un solo ataque antes de que tuviera oportunidad de hacer
algo. Abrí el procesador de textos y me puse a escribir esto que en realidad se
trataba de una persona tan infestada de rituales que al final del día no tiene
tiempo para hacer nada. No tiene nada que ver conmigo.
Ayer fui al cementerio
a ver en qué andaba el cadáver de una chica con la que salí en la secundaria y
reconocí una serie de lápidas ante las cuales te fotografiaste. No creo que
hayas conocido a tanta gente muerta junta. No sé si las personas que mueren en un accidente masivo son
enterradas una al lado de la otra. Me parece que no. Sería triste para la
familia que vive lejos y tiene que forzarse a la desgracia de caer en el
interior del conurbano para visitar a sus muertos. Antes de irme ubiqué la
parcela en la que me gustaría que echaran mis restos, aún desocupada.
Hicimos cosas
malas vos y yo. Nos tomamos de los ojos hasta que nuestros delineadores se corrieron, dibujando
manchas verdes y negras en nuestras caras. Jugamos a ver quién podía reconocer
más siluetas de famosos en las grietas de la pared y perdí. Dijiste que era mi culpa y te creí. Hicimos cosas lindas vos y yo. Juguaste a ser una cafetera para mi. Sostuviste unos
granos en tus manos e hiciste sonido de cafetera. Ese ruido que hacen las
cafeteras cuando calientan agua. Ahora me preparo un té. Soy una persona tan
distinta. La taza dice al mejor padre y tiene un espacio en blanco para poner
un nombre. Dijiste que tenía que ser otra cosa. Tenés que ser alguien positivo.
Una mejor persona o una licuadora o algo que sirva a alguien.
Sin embargo,
lo que de verdad tengo que hacer es limpiar todo esto. Pongo otra canción de
Rilo Kiley. Tus manos eran tan blancas, podía ver tus venas azules, doce
ramificaciones hacia lo irresoluto. Siento que si realmente lo intento, puedo
hacerlo. Trato de alcanzar la taza de té.