"La constante
repetición de la palabra MIERDA, tiende a quitarle ese efecto de mierda que
genera la misma."
Me considero
completamente escéptico, descreo completamente de dioses, religiones, e,
incluso de cualquier tipo de espiritualidad.
Me molesta hasta la
sacralización de la cotidianeidad. La magia del futbol, la falta de sexo en los
videojuegos, los temas demasiados sensibles para ser tomados con humor, son
muestras de cómo la magia existe en nuestro entorno, creando velos por doquier,
empalizadas y mascaras dogmáticas.
-"La pasión por
el futbol no se puede explicar."
-"(inserte lo que quiera) no se hace,
se nace."
-"Dragon Ball es el mejor anime."
-"No me hables de
música si no te gusta el metal."
Ejemplos de verdades
instaladas, protegidas por generaciones y generaciones que no las
cuestiona, se encuentran por todos lados en la vida cotidiana, formando, de
hecho gran parte de nuestra existencia. Podría decir que me
molestan las verdades instaladas que no son mis verdades instaladas, y tal vez
sea así para todo el mundo.
Una de las grandes
"magias" en mi vida, eran las palabras. Solía concederle poder de mover las entrañas, y otros efectos ridículos, a palabras que no
eran mas que eso, un rejunte de letras.
Guardaba términos
como "mierda." o "te amo." para oportunidades únicas. Sin
embargo, una vez utilizadas, ya no servían para nada. Las palabras perdían su
magia al ser pronunciadas. El efecto genial, el tifón que pretendían ser, no
eran mas que elucubraciones propias. Porque un "mierda." no iba a
desintegrar una situación, un "te amo." no iba a hacer que esa
persona se quedara. Así como un "prohibido pisar el césped", no
electrifica hasta la muerte a quienes deciden no hacerle caso.
La segunda vez que
dije "te amo." la palabra perdió su magia completamente, ya ni me
interesaba cuando otras personas lo decían. Porque un "te amo." se
convirtió en una convención social, en determinado punto de cualquier relación
que se tenga con cualquier ser al que se le tenga cariño se dice "te
amo."
De la misma manera
que un "¿cómo andás?" en medio de una vereda híper transitada no
significa que esa persona esté dispuesta a escuchar acerca de tu vida.
Se dice "te
amo" a un gato, a un oso de peluche, a una persona con quien se tiene
sexo, a un familiar, y eso no me suena tan especial.
No se si se entendió
completamente, pero todo eso era un preludio para decir que me sentí
completamente desprovisto de todas las cuerdas mágicas que me sostenían en el
preciso momento en que R.E.M. se separó.
Losing My Religion
marcó mi vida, y, de la misma manera, la disolución de la mítica banda
representó la caída de mi último amor
que no era una convención social. Era un amor irracional, de esos que se
responden con un "no sé."
Y UNA CUBIERTA DE
INODORO.