Te
soñé en mi infancia. Escapamos de la casa y el día escapó de la noche. Ahora
pienso en vos y tus cantos más nítidos, contornos sugestivos enmarcados en oro.
La luna te mira como un lago profundo. Vos parpadeás y desaparece, como todo lo
demás. Tu rostro en la pared, fantasma de la araña que alguna vez pisoteé: fue
sin querer. Tu rostro en la pared, tratando de escapar al cemento, arquitectura
del terror y los golpes en el espejo. El dolor íntegro del reflejo espantándose
con las plumas que los cuerpos arrojan al entrar en pánico. Creciste conmigo,
creció la adolescencia y sus enfermedades madreselvas, creció el océano,
crecieron sus granitos de arena. Los ruidos, deformación de la imagen barata de
un amor. Dice tu voluntad con atropellos a la mesa, y un dejar caer un papel al
suelo que hace temblar mis estructuras. El amanecer que se oxida en la
habitación, creció la adultez, han madurado los arboles intestinales, se han
marchitado sus flores, algo huele a podrido. Ahora creo que quienes se aman deben
abandonar el mundo en avalanchas de introspección. Que se pierdan en el
Inconsciente y alguien más cierre el grifo, no más rumores, no más gotas
desprotegidas, melodía de la calma rítmica. Si me amas es por tu culpa, si te
extraño, eso es mi culpa, que piense en vos, eso es inevitable, que me mires,
que me mires es imposible, no me mires, con esos ojos, tus ojos. Tu mirada
debería estar cerrada, tengo la llave en mi mano, tengo a Pandora empalada
contra los zócalos, sus entrañas en el parabrisas tácito, su corazón palpita
rocas giratorias, asteroides que emergen al salir el sol. Florecen los amantes,
pimpollos de sudor y fluidos humanos esparcidos a la atmosfera, inundan la
entropía universal con la energía engendrada en un orgasmo. Artilugios de tiza,
palabras, conocimientos metamórficos. Definiciones estancadas en siglos
pretéritos. Gélidas sílfides se mecen en el viento, aire ominoso y perpetuo
desconsuela la casa, asolando de ventanas mi mente. Se desmoronan las arterias
de escape. Me alcanza la vejez del continente, ya no te sueño, sueño con una
infancia de sueños. Tormenta eléctrica onírica que amenaza con exiliar las
montañas ulteriores del cosmos. Ahora me miras con tu mirada pasillo, con tu
palabra subterfugio, con tu perfume retorico, con tus neuronas ansiolíticas.
Ahora me culpas por un suplicio nostálgico. Ahora me recordás olvidos
enmascarados. Convicción forzada de entelequia dudosa. Dejo de soñarte en tu
infancia. Dejo que la noche fagocite al día y a la casa. Dejo de pensar en vos,
tus cantos se trastocan, tus contornos bizarros se tuercen. La luna se ahoga en
tus pestañas. Dejá de mirarme. Esto es un sueño, otro sueño. Cierro los ojos
con fuerza. Intento escuchar al silencio. Tu fantasma respira en penumbras. No
me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me
hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables, no me hables,
no me hables, no me hables, por favor, no me hables.
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