Algunos colores estaban de más;
El inefable anaranjado del decorado;
El rubor febril en tu rostro taciturno;
Las ciudades repletas de subterfugios.
Un sueño absurdo se depositó en la fuente
A beber momentos de calma y vomitar una inquietud.
Tu febril rostro se minó,
Harto en deseos de no ser,
Cuando, alquimia de la pena,
Las lágrimas hablaron
Ausentes en evasivas.
"Algunos colores están de más"
Murmuro el otoño
Cuando baleó a las flores
Y de los arboles erradicó las hojas.
¿Te acordás de los gritos de mil petalos ahogándose?

