Intento de pajarera I
Llueve
pintura. El cielo se tiñe de nombres pelotudos: fiesta de la cereza, rojo
Derby, azul Windsor, blanco dinastía Ming, azul marino, luz negra, negro.
Antes no
llovía pintura; antes las casas eran de madera y piedra, y no arco iris. Ahora
arco iris parada de tren, azul fantasma.
En tu funeral
las lápidas son celestes y las cloacas amarillas, yema de huevo, sol de
primavera. Vos lo quisiste así, todo preparado para respawnear y empezar a
cagar aguarrás.
Tres días
juntando de a poquito litros de sintética, tres días poniéndole color a las
amapolas, tres días y ahora volvés con tu sonrisa desnuda, con tus dientes
blancos, con tu mirada transparente.
Como si fuera
algo memorable, ahora estallan fuegos artificiales y salís bailando de la
tumba. Azul discreto, azul salvaje, era de hielo. Y el cielo tan rosa de hadas,
tan néctar de damasco, tan torbellino de durazno, tan bahía de coral.
Llueve
pintura, pero siempre estás ahí para poner todo en su lugar. Sin maquillaje
somos todos más vulnerables.
Intento
de pajarera II
Las
fronteras de mi imperio culminan en los cantos redondeados de la maceta.
Insisten los seres de estómago con el asunto del progreso, pero poco importa si
mis raíces no pueden extenderse y monopolizar el asteroide; qué importa ahora
si mis hojas son verdes, si la tierra es negra, si la maceta no se rompe.
Creí
haberte dicho que soy una planta de interiores. O lo debiste haber leído en la
Wikipedia. Los seres vivos no venimos con instructivo, pero no exageres. Error
grosero hacerme ver el sol. Ahora tengo sed y bajo el radiante sol de mediodía
clamo por agua. Y ahora llueve, y bajo las plateadas nubes oscuras clamo por
luz. ¿Inconformismo?
Ahora
brilla el astro y pido luz, y pido hidrógeno y helio.
Ahora
hay un diluvio y el mundo se desborda, y pido agua, y pido hidrógeno y oxígeno.
¿Qué
te hace pensar que me copa ser dejado ante la inundación?